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Domingo, 16 de julio de 2006

En Suiza

Ana y yo estamos en Suiza. El paisaje es espectacular: montanas, valles, campos de maiz, patatas... granjas preciosas. Hay mucha riqueza.
En un primer momento, mi corazon se abre ante tanta belleza. Los suizos viven en una naturaleza que han cuidado y respetado.
Siento envidia ( no sé si sana o insana ) de esta riqueza. Y pienso que el mundo es un globo alargado inflado por un payaso dios que aprieta por un extremo para que se infle el otro extremo. Y pienso que ahora estoy en el extremo del globo inflado, rico en aire que viene del otro extremo del mundo que esta aprisionado.
Me digo que estoy de vacaciones, con la chica que mas quiero en este mundo ( a Anna le digo para rabiarla :" eres mi chica que mas quiero actualmente", a ella le gustaria cambiar el adverbio actualmente por eternamente, pero creo que hemos entendido que las cosas que estan por encima de la corteza terrestre cambian y se trasforman. Y esa trasformacion si que es eterna)... como iba diciendo estamos de vacaciones y pienso en estas cosas. Creo que merece la pena.
Desde aqui, desde mi blog, lanzo un grito a ese extremo del mundo que la mano del payaso dios esta apretando.


Por: José Manuel Padilla Rodríguez | Los días que han pasado | Comentarios (1) | Referencias (0)

Domingo, 07 de mayo de 2006

Desde mi ventana

Cuando llega Mayo tambien llegan los bencejos y golondrinas. Desde mi ventana las veo volar acrobáticamente, algunas veces a una altura considerable y otras veces planean entre los edificios haciendo giros rápidos.Parece que disfrutan volando de esta forma tan arriesgada.
Hace cinco minutos estaba observando el cielo desde mi ventana, y entre estas aves tan alegres, he visto un papel volando. He tenido que fijar más la vista para asegurarme que era un papel volando. Volaba bien alto y podía pasar perfectamente por una golondrina o bencejo. La imaginación se me ha disparado ante tan bella imagen. Un papel-ave, una carta que sabe cual es su destino, el despido definitivo de los carteros del mundo: cartas que vuelan solas a sus destinos, sin sello, empujadas por el viento, rozadas por las alas de golondrinas.

Un extraño sentimiento de felicidad corre por mis tripas cuando soy testigo de pequeñas bellezas como la que acabo de ver a través de mi ventana.




Por: José Manuel Padilla Rodríguez | Los días que han pasado | Comentarios (3) | Referencias (0)

Lunes, 01 de mayo de 2006

ENSAYOS

Dentro de muy poco, llevaremos al escenario la obra que hemos trabajado tanto. Cuántas dudas, cuántas ilusiones, cuántos descubrimientos pequeños. Los ensayos que hacemos se comportan como la vida. Parece que no se avanza y, sin saber cómo, hay un pequeño cambio que lo transforma todo.

Se puede aprender mucho en una escuela de teatro, pero estoy seguro que montar una obra con tus propios recursos es lo más completo que puede haber. Hacemos de todo: actuar, poner luces, sonido, cosemos, buscamos salas, diseñamos. Y todo esto con recursos mínimos. Creo que merece la pena hacerlo, porque lo que cuesta conseguir se valora más.
Entre esta maraña de ocupaciones, me hago preguntas que intentan iluminar lo que estoy ( estamos ) haciendo. ¿ Por qué hacemos teatro? ¿Por qué tanta ocupación para llevar una historia y unos personajes al público? ¿ Qué nos aporta el teatro en nuestras vidas?

En mi caso, busco varios momentos de magia. Para que haya magia debe haber público, personas que viven, que sienten, que quieren ver personas ante situaciones límite, que quieren sorprenderse, emocionarse.
Justo antes de salir al escenario, dentrás de la tela negra, tengo miedo. ¿ Qué sucederá? ¿Lo haré bien? ¿ Se me entenderá? ¿ Me aceptarán?. Cuando salgo por fin, noto que hay gente enfrente mía. Que yo estoy ahí con mi compañero o compañera de escena, para mostrar un personaje, a través de mi cuerpo, de mi voz, de mi cara, de mis gestos. El personaje comienza a vivir en ese momento, no antes, cuando doy el primer paso a las tablas.
En este montaje, me doy cuenta de un hecho importante. Soy responsable de la veracidad de mi personaje. Quizá esté equivocado, pero es lo que pienso ahora, puede que con el tiempo me dé cuenta que no es del todo cierto. He descubierto, que buscar la emoción para mostrar un personaje triste, alegre, es lo más falso que puede haber. Me he dado cuenta, que el texto y entender qué es lo que quiere el personaje en esa escena son suficientes para que viva el personaje en escena con una verdad mínima. Demasiadas mentiras hay en el teatro como para mentir con la emociones.

Por otra parte, el teatro me aporta amor, cariño, aceptación de los demás. Primero con mis compañeros de grupo y después con el público. Necesitamos ser amados, eso es una verdad como un piano. Nos aman porque amamos. Al dar todo lo que tenemos, recibimos también. Por eso, siento que traiciono cuando me guardo para mí aspectos de mi personalidad que no quiero que salgan. Eso se nota, lo noto y lo perciben los demás. Quizá lo más feo de mí, lo que yo considero que no es bello de mí, sea lo más verdadero, lo más claro dentro del escenario, y en definitiva, en la vida.

Escribiendo estas palabras, me doy cuenta que el teatro me enseña, aprendo con él.





Por: José Manuel Padilla Rodríguez | Los días que han pasado | Comentarios (1) | Referencias (0)

Lunes, 13 de marzo de 2006

HOMBRECOJO (1921)

Veo las noticias de vez en cuando, a cuentagotas, para no saturarme de ellas. Y veo que en Irak muere mucha gente, revientan en mercados, gritan desesperados por las calles, los hospitales se llenan de lisiados. Y mis ojos fabrican algo parecido a una lágrima de indiganción y frustración. Los países occidentales han llevado a este país a la desesperación, a la sinrazón. Y nosotros nos bebemos el petróleo, lo respiramos en nuestras ciudades infectas. Y siguen muriendo inocentes. Y esto no quiere ser un mensaje más de indignación, esto quiere ser un grito al mundo. A las personas que dejan morir a inocentes, que dejan que se maten entre ellos con odio e incompresión.
Y yo mientras tanto, sigo aquí. Tan ridículo como el personaje que interpreto en la obra de teatro que estrenaremos el mes próximo."Tan colosalmente ridículo..."

Por: José Manuel Padilla Rodríguez | Los días que han pasado | Comentarios (2) | Referencias (0)

Sábado, 04 de marzo de 2006

SUBIENDO LA MALICIOSA

Aquí estoy, subiendo la Maliciosa, con ayuda de dos amigos montañeros.
Muchísima nieve, paisaje espectacular y buena companía.

Por: José Manuel Padilla Rodríguez | Los días que han pasado | Comentarios (3) | Referencias (0)

Domingo, 12 de febrero de 2006

El Jarama (II)

El día 6 de febrero escribía sobre mi encuentro, algo desagradable en un principio porque no me permitía seguir el camino que había iniciado, con el RIO JARAMA.
Estoy leyendo un libro de Rafael Sánchez Ferlosio titulado "El Jarama" ( Premio Nadal del año 1955). Trata de unos excursionistas que pasan un día en el río, junto a un kiosco. Son jóvenes, alegres, amigos entre ellos. La lectura me está dando pistas del lugar aproximado donde está el kiosco.
...
En este momento, se me ocurre una aventura...
¡Con los datos que vayan saliendo en el libro, podría ir al lugar donde comienza la historia, el kiosco! Fotografiarlo, si todavía existe, y publicarlo en el blog.

En realidad, no tiene sentido, ir a ese sitio. Pero creo que será casi magico, encontrar ese lugar después de cincuenta años después de que el autor escribiese este libro.

Abajo están mis padres bañándose en este Rio.Son jóvenes, incluso más jóvenes que yo ahora. ¿ y si hubiesen estado en el mismo lugar que los jóvenes de la novela?
No sé, imaginar este tipo de coincidencias me hace feliz.

Por: José Manuel Padilla Rodríguez | Los días que han pasado | Comentarios (2) | Referencias (0)

Viernes, 10 de febrero de 2006

Brasil

¿Qué tiene que ver Brasil conmigo?
Durante dos semanas he tenido, de alguna forma, contacto con ese país. Gente en el autobús hablando en portugués, personas que me hablan de allí, imágenes.

Brasil me ha llamado la atención sin yo quererlo. Qué extraño.


Por: José Manuel Padilla Rodríguez | Los días que han pasado | Comentarios (1) | Referencias (0)

Lunes, 06 de febrero de 2006

El Jarama

Durante unos días he estado buscando un camino que me llevase al pueblo donde trabajo. Vivo en otro que está a 15 kilómetros por carretera. Mi objetivo era buscar un camino o caminos para ir andando o en bicicleta a mi trabajo. Puede parecer sencillo, pero teniendo en cuenta que vivo en Madrid rodeado de M-40, M-50, R-2, carreteras donde uno puede ir veloz con su coche; pero no lo es. Tuve que preguntar a gente del pueblo y me decían que no existía camino directo, y consulté el mapa satélite del Ministerio de Agricultura, donde vienen todos lo caminos. No había ninguno directo y claro.
Así es que, un día que libraba en el trabajo, me puse las botas de montaña y el gorrito; y me dispuse a encontrar un camino. La noche anterior había nevado ( algo excepcional en Madrid porque solo pasa una o dos veces al año) y todo estaba precioso. Estuve andando dos horas y llegué a un río. Al otro lado, veía un caserío que reconocía como el de Belvis. Desde ahí sé que hay un camino directo al pueblo donde quiero llegar. Pero el río no me dejaba. Sólo eran cinco metros pero no había manera de pasarlo ni de saltarlo. ¡Qué rabia! Había andado e indagado tanto y me había hecho tantas ilusiones con ganar la batalla a los atascos inevitables de Madrid, y que sólo cinco metros de río no me lo estaban permitiendo. Anduve cinco kilométros hacia el sur y hacia el norte y no había ni un solo estrechamiento para poder pasar. Además estaba todo tan salvaje que podía salir en cualquier momento un cocodrilo. ¡Solo cinco metros! ¡ Qué desilusión!, Volví a casa derrotado y con mucho frío.

Ese río se llama El Jarama. El título de una novela de Ferlosio con el que ganó el premio Nadal. No lo he leído, pero lo leeré.

Con el río he aprendido algo que no acierto a comprender aún del todo. Podría ser una serpiente monstruosa que me impediese realizar mi sueño, mi camino. Esa serpiente no es venenosa solo está ahí, diciendome que no se va a quitar del medio porque ella tiene que estar ahí, con su enmarañada piel de arbustos y troncos mojados. No es mala, yo la hago malvada, solo me he cruzado en su transcurso y ella ha ganado por goleada.No me ha dejado pasar. Pero en mi interior, sé que la pasaré, que la ganaré con mucho respeto porque siempre ha estado allí y yo solo estoy aquí un segundo, comparado con su vida.



Por: José Manuel Padilla Rodríguez | Los días que han pasado | Comentarios (3) | Referencias (0)

Sábado, 28 de enero de 2006

Lugares personales

Cuando estoy cansado, desanimado y con ganas de descansar pienso en lugares que me tranquilizan y me traen paz interior. Esos lugares no son remotos, están muy cerca,tan cerca que pasan desapercibidos durante algún tiempo. Paso por ellos, ciego o deliberadamente distante, sin darme cuenta lo importante que son para mí.
Un lugar que me fascina es un pequeño monte que está al lado izquierdo de la carretera que me lleva al trabajo. Alrededor de él hay cultivos de secano y en lo alto, y es lo que más me atrae ,hay un almendro. No es muy grande, su tronco se ramifica en ramas donde algún pájaro se posa para ver a su izquierda la torre del pueblo que vive ajeno a este almendro solitario.

Me pregunto por qué no hay más árboles alrededor, cómo ha podido crecer y sobrevivir en lo más alto de este monte pelado a vientos fuertes y soles abrasadores. Admiro su capacidad de ser y estar en el sitio que le corresponde. No necesita la protección de otros árboles de su especie, pienso que es un árbol único, un simbolo de la persistencia de la individualidad sobre la colectividad.
Y lo que más me fascina es su respeto a sí mismo; "de ser lo que se es"
Nunca he subido arriba a tocarlo, a sentarme al lado suyo, me basta con verlo desde la carretera, de verlo en mi mente, aunque esté lejos. Porque sé que está, y que siempre estará. Al igual que las personas que más quiero en este mundo. Me basta con saber que existen en este mundo, que existen en el mismo tiempo que yo, que no hay extrañamiento en los escasos encuentros,que compartimos ilusiones similares y vínculos que el tiempo no puede romper.
No creo, o mejor dicho, aún no necesito creer, en la vida después de la muerte o en la reencarnación en otra persona después del fallecimiento. Si existiera la posibilidad de la reencarnación entendería muy bien que hay cosas, personas, elementos naturales que tienden a encontrarse porque una fuerza vinculadora los atrae.
Esto me pasa con mis amigos, con Anna, con mi familia, con mis lugares personales ,como el almendro que está aquí debajo fotografiado con mi cámara de atisbador.

Por: José Manuel Padilla Rodríguez | Los días que han pasado | Comentarios (1) | Referencias (0)